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un futuro posible y plausible - foto de
Fernando Fiedler
un derecho impostergable...
Portada • Indice • Videos • Fotos • Escríbanos • Cartas • Grupos • Prensa • La Ley •a Chile nunca más. Si no han vivido por
más de una década en el país y/o no
piensan volver a Chile, ¿es justo darles un
voto –igual al suyo, igual al mío- a quienes
no han sufrido ni sufrirán las
consecuencias de las elecciones? ¿Es
razonable que el voto de una mujer de
población, azotada por la delincuencia y
la droga, valga lo mismo que el voto de un
chileno instalado hace 15 años en París o
Hong Kong? No me parece.
Sin embargo, hay chilenos que están
en una situación diferente: el que se fue a
estudiar por un par de años, el que está
trabajando por algunos meses, el
diplomático, etc. Esos sí han vivido y
vivirán las consecuencia de una elección.
En un mundo globalizado, en que
nos interesa que más chilenos salgan a
buscar oportunidades de
perfeccionamiento y negocios, ¿por qué
no explorar un camino de solución para
ellos? Otros países lo han hecho. Canadá,
Inglaterra, Nueva Zelanda –por mencionar
algunos– han optado por un camino
intermedio que reconoce esta realidad: se
entrega el derecho a votar desde el
extranjero, pero por tiempo determinado
(5 ó 10 años). Creo que se debiera
explorar una medida de este tipo.
Peso de nuestra historia reciente hace
que el debate se politice
ROBERT FUNK
Cientista político, profesor Facultad de
Ciencias Sociales e Historia, miembro
Consejo Ampliado de Expansiva
La discusión acerca del derecho a
voto de los chilenos en el extranjero
discurre, fundamentalmente, por dos
carriles: el práctico y el filosófico. Lo
práctico surge de lo filosófico, por lo cual
abordaremos primero este segundo tema.
Las definiciones existentes en la
teoría democrática acerca de las
características de este régimen difieren en
muchos indicadores y condiciones. Sin
embargo, coinciden en una condición
básica: La realización de elecciones libres
y transparentes. Si es el sufragio universal
uno de los elementos fundamentales de
estas, los gobiernos deben asegurar que
sea verdaderamente universal. Si la
capacidad tecnológica permite que
ciudadanos radicados en el extranjero
puedan participar en las elecciones, el
principio de la democracia exige que se
haga lo posible para facilitarlo. Desde el
punto de vista práctico, no existe motivo
alguno que impida su buen
funcionamiento. Los consulados y las
embajadas deberían tener todas las
facilidades para administrar el voto,
además existen maneras electrónicas de
sufragar que ni siquiera exigirían la
participación de las sedes diplomáticas,
apaciguando así las sospechas de los que
puedan creer que las lealtades de
nuestros representantes en el exterior
estén mal enfocadas.
El fundamento filosófico del derecho
(re)adquirido implica que los ciudadanos
radicados en otros países deberían poder
votar en todas las elecciones que se
realicen en el país. El planteo acerca de la
no pertinencia del sufragio en toda
elección no presidencial, se rebate con el
ejemplo de sistemas parlamentarios que
permiten el voto en el extranjero.
Finalmente, el peso de nuestra historia
reciente hace que el debate se politice. Es
probable que muchos de los que se
oponen a otorgarles el voto a los chilenos
en el exterior lo hagan con el prejuicio de
que la gran mayoría de ellos fueron
exiliados políticos. Por lo tanto, se
presume que sus preferencias van
mayoritariamente a la Concertación.
Puede ser. De ser así, con más razón
tenemos la obligación como sociedad de
revertir uno de los efectos sutiles, pero
duraderos de las dictaduras
latinoamericanas que identificó Guillermo
O’Donnell: aun cuando las personas no
desaparecieron, su condición de
ciudadano sí desapareció. Al mandar
personas al exilio, al quitarle su
ciudadanía, se eliminó igualmente a la
persona política. Es tiempo de
reincorporarla.